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Abril 04

Columpios peligrosos

Hoy en La Voz de Galicia se me ha dado por hablar de los columpios y de sus inseguridades: 

Hace un tiempecillo leí en un prestigioso periódico cuyo nombre no diré por no tirar piedras contra mi propio tejado, una noticia un poco absurda. Personalmente siempre he sido de la opinión de que cuando no hay noticias suficientes para completar la edición de un periódico, es mejor que hagan más grande el crucigrama o que incluyan dos sudokus, que hay gente que se aburre mucho. Incluso sería mejor que contratasen a alguien para escribir tonterías sobre dentífricos, ultramarinos, churrasco o columpios, ¿o eso ya lo hacen? En fin… La noticia en cuestión contaba que los parques infantiles gallegos incumplen las normas de seguridad, y recogía un profundo análisis de los problemas que padecían. Me llamó la atención leer que más del 50% de los columpios de Galicia eran peligrosos porque había riesgo de quedar atrapado en ellos, que si yo tuviese un hijo y se quedase atrapado en un columpio iría al registro de familia o a donde leches haya que ir a devolverlo, ¡que yo a ese hijo no lo quiero! ¡Por inútil! ¿Es que cómo te puedes quedar atrapado en un columpio? Que es una tabla horizontal con una cadena a cada lado, ¡es imposible! O si no que busquen en la hemeroteca titulares del tipo, “Niño de seis años pasa nueve días atrapado en un columpio y sobrevive alimentado por las palomas”, o “Hallada muerta la niña que no sabía como salir del tobogán”. No hay. Estoy seguro. Y es más, ¿qué es lo que hace que en el otro cuarenta y pico por cien no exista este peligro? ¿Tienen salida de emergencia? A este paso les acabaran poniendo un extintor también. No vaya a ser que se incendien y no de tiempo a evacuar. Que de todas formas me parece el colmo, que los columpios por encima de haber pocos, sean peligrosos. Porque haced un calculo rápido de los columpios que hay en vuestro pueblo o barrio y el número de infantes en edad de columpiarse, os dará una proporción de aproximadamente un columpio por cada quinientos niños. Que yo me acuerdo de que cuando era un chavalín los domingos mi padre me levantaba a las seis para ir al parque, y me decía: “Vamos Rober, levántate que sino no cogemos columpio”. Y eso que muchos niños no se atrevían a ir por miedo a perder sus rodillas en la gravilla. Que ahora con el suelo de caucho cualquiera hace el cafre. Que así andan de envalentonados los niños de ahora.

En una ocasión al subirme al columpio, chirriaron las cadenas y mi padre se percató de que una de ellas estaba apunto de romperse. Mi padre, como buen ciudadano que es, advirtió de esta cuestión a un agente de policía que pasaba por allí, a fin de que se señalizase de algún modo este peligro potencial, a falta de medios para su subsanación, y adelantándose así veinte años a las preocupaciones de la Xunta que hoy me traen a mi a esta página. El agente tras examinar atentamente el estado de la cadena, concluyó, “No pasa nada, porque la cadena del otro lado está en perfecto estado”. Nosotros por si acaso nos fuimos…

Otra cosa alarmante dentro de este profundo estudio era que al menos un 60% de los juegos infantiles de los parques no cuentan con una plaquita que indique que ese columpio, tobogán o lo que sea cumple el Real Decreto 2003/nosequé, que yo ya me estoy imaginando a los niños llegar todos ilusionados al parque, felices de encontrarse los columpios libres, frenarse en seco y decir, “Vámonos al otro parque que este no sbemos si cumple con el Real Decreto…”

Pero, paradojas de la información, días más tarde, en la sección local hablaban de un parque en cuyos juegos infantiles aparecen cada fin de semana preservativos usados. ¡Para que luego digan que no se cumplen las recomendaciones de seguridad! Otra cosa es que los juegos sean infantiles…

em>Y hablando de columpios peligrosos, pocos columpios más peligrosos puede haber que un columpio asesino (eso si es hilar los temas, ¡eh!), grupo que recomiendo a todos los que lo desconozcan:

El Columpio Asesino: Floto

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Marzo 19

Barrio Sésamo

Espinete

A mí, como a todos los que fuimos infantes en los ochenta, me gustaba mucho Barrio Sésamo. Aprendí muchas cosas gracias a su estupenda filosofía de entretener enseñando, conceptos fundamentales como “arriba” o “abajo”, “delante” o “detrás”, ¿en tu casa o en…? Todos ellos en mucho menos tiempo del que lleva adiestrar a un Pokémon. Y me enseñó a contar un vampiro, que eso es algo que no lo puede decir todo el mundo.

Aún así, lo cierto es que esta serie, que fue un hito mayor para la programación infantil que Los Vigilanes De La Playa para la programación hormonil, generaba incongruencias que saltaban más a la vista que los errores gramaticales de Rosa de España, quien por cierto no tuvo mejor fonetista para su “Euros livin a selebreishon”, que Rodolfo Chikilicuatre para su “Chiki Chiki” con su “¡Uno! El breikindance”.

Pero a lo qué íbamos, el caso es que yo puedo llegar a entender que Espinete y Chema hacia el final de la serie, o ya por la mitad, fuesen muy amigos, porque Espinete mal tío no era, -y hablo de amistad-, que nadie interprete otra cosa. No seré yo quien difunda rumores acerca de tendencias zoofílicas sobre el panadero de tan reputado barrio. Bastantes rumores hay ya acerca de otros personajes… Lo que ya no alcanzo a deducir es cómo se conocieron. Porque tú vas por la calle, tranquilamente, pensando en tus cosas, y ves que viene de frente, por la otra acera, un erizo de dos metros y pico, que camina erguido, rosa. Que no Rosa. Si no sabes que es Espinete, ¡te cagas de miedo! ¿O quién es el valiente que cruza, se le presenta y le da la mano? Vale, el Chema arriesgó y le salió bien, ¿pero qué necesidad tenía de haberlo hecho con toda la gente entrañable que había ya en Barrio Sésamo? Porque además, si os acordáis, Espinete era un tío que de entrada no caía bien, porque llevaba un rollo pandillero muy extraño, todo el día por ahí de caponatas con Don Pimpón, que era una especie de Paquirrín granjero sin afeitar. Daba que pensar. Con esos andares que tenían, que parecía que iban haciendo “¡dos! el crusaíto”. Y al mismo tiempo ninguno de los dos movía los ojos, para mirar a un lado o a otro tenían que girar el cuerpo entero. Tenían que hacer “¡tres! el Robocop”. Y eso, si estás con ellos y no los conoces, te hace sentir incómodo.¡Qué con ese campo de visión tan reducido necesitaban copiloto para jugar al Scalextric! Y dentro de lo malo, Don Pimpón aún tenía unos ojos como Dios manda con sus iris y sus pupilas. Espinete tenía dos tristes puntos negros de peluche. Que yo me creo que pudiese ver a través de ellos porque con lo bien que se desenvolvía, es más difícil de creer que no pudiese ver, pero debía de ser bastante incómodo. Te entra una mota de polvo, ¿y cómo te la quitas? ¿Te pasas la aspiradora? Que esa es otra, ¿qué sabemos de la higiene personal de estos dos sujetos? O se lavaban en seco o si se duchaban era imposible que secasen de un capítulo para otro. Eso está claro. Y en lugar de desodorante, ¿usarían Febreezze absorveolor?

A consecuencia de todas estas incongruencias la trama resultaba insostenible y Barrio Sésamo fue retirado de antena dejando todas las líneas argumentales abiertas. Y así, aún es hoy el día en qué desconocemos si Chema ha sobrevivido a la crisis mundial de los cereales o si su pequeño establecimiento ha sido absorbido por una emergente panificadora de Carral, o de Cea. O si Triki ha logrado desengancharse de su adicción a las galletas o nos lo encontraremos tirado una mañana en cualquier acera pidiendo un euro para comprar María, -Dorada-.

Fuera como fuese, y para ilustrar lo que os digo, imaginaos que ahora, según volvéis de comprar el periódico, veis venir de frente a un erizo de dos metros y pico, que camina erguido, verde. ¿Qué hacéis? ¿Cruzáis y le dais la mano? A lo mejor es un tío genial, como Espinete, pero a lo mejor es el Anti-Espinete y es un mal nacido que se dedica a apuñalar a la gente y os tenéis que largar por patas haciendo “¡cuatro! El Maiquelyason”. Perrea, perrea.

(Esta historia fue publicada el pasado viernes 14 de marzo en La Voz de Galicia)

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Marzo 11

Higiene Bucal

colgate(Y con esta historia ya son tres semana las que La Voz de Galicia se ha dignado a publicar mis ocurrencias, y ojito que pronto llega la cuarta… ¡Me siento honrado!)

Si nos preguntasen una marca de pasta de dientes y tuviésemos que dar una respuesta instantánea, seguramente todos contestaríamos “Colgate”. O a lo mejor no, a lo mejor ese dentista cabrón, ese 1 de cada de 10 que no nos deja comer chicle sin azúcar, diría Licor del Polo, que qué menos, que ya que no nos deja comer chicle que nos deje tomar un chupitín después de cada comida.

Si, se que éste ha sido un chiste malo y fácil, pero a ver quién es el listo que hace un chiste con Lacer , Signal o Kemphor, que ya me diréis qué nombres son esos para un dentífrico, ¿es qué en el departamento de marketing de estas empresas nadie ha visto el anuncio de Movistar de los autónomos? ¡Qué ganas de complicarse la vida! “Bocablanca”, “Ceroempastes” o “Muelasforever”, eso si que serían buenos nombres para una pasta de dientes. Imposible resistirse.

Que tomen ejemplo de los preservativos, la gente compra “Durex” por eso, porque el nombre sugiere lo que estas buscando, que luego durex más o menos tiempo es otra historia, pero por lo menos te ofrecen la motivación. Si el nombre de la marca fuese “Gatillazox”, mal lo tendrían. Y lo mismo ocurre con su competencia, todavía más explícitos, “Control”. Pues eso, control. Si se llamasen “Feliz camada”, a ver quien se arriesgaba, aunque bueno, si cambiásemos sólo una letra en la segunda palabra, otro gallo cantaría… En fin. Que me pongo ordinario. Si bien es cierto, que sin darme cuenta he retomado la tesis de esta historia que era la boca, o más bien su cuidado.

El caso es que estaba viendo la gama de dentífricos de Colgate y es una cosa realmente espectacular. Están las de siempre, anti-sarro, anti-caries, y “sensitive”, -para dientes sensibles-, debe ser para quien le hayan llorado las encías viendo “Memorias de África”. Y de cada una de ellas existe una variedad que incorpora blanqueador. Está bien que esto sea opcional porque imagino que habrá mucha gente a la que le guste tener los dientes amarillos.

En un momento de lucidez alguien debió darse de cuenta de que se podía dar la casualidad de que una misma persona tuviese caries y sarro, o sarro y los dientes sensibles o las tres cosas a la vez y lanzaron “Colgate Triple Action”, que es un revoltijo de las tres y que a muchas personas les evita tener que hacer tres cepillados diferentes después de cada comida. ¡Si señor! ¡Minipunto para el equipo de los chicos!

Así que animados por tamaño acierto, empezó el desfase, y encontramos nuevas variedades como “Colgate Max Fresh”, -frescor máximo-, toda una declaración de poder. ¿Porque cómo se mide el frescor? ¿Encierran a un pingüino en una nevera con una lata de atún y una manta eléctrica, y si la enchufa es que el frescor ya está al máximo?

Pero esto era sólo el principio. Continuaron con “ Colgate Time Control”, que no quiere decir que con el cepillado de la noche quedes programado para despertarte mordiéndote la lengua a las ocho de la mañana. Quiere decir algo todavía mejor, que tus dientes no envejecen. Vamos, que si lo usas con un caballo lo vendes con quince años como si tuviese dos y medio. Y a partir de aquí ya se tiraron de la moto en serio, y lanzaron “Colgate Total”, que por lo visto trae todos los extras, sólo le falta poner la lavadora.

Viendo esto, yo que soy un tío ingenuo, creí que ya no se podría ir más allá. Pero se podía. Gracias a “Colgate Total Frescor Avanzado”, que digo yo, ¿qué quieren decir con lo de “avanzado”? ¿Qué el frescor va quinientos metros delante de ti? Que empieza a oler el bar a menta y dice la gente, “Debe estar al caer Bodegas…” Y el summun de los dentífricos, “Colgate Herbal”, con las propiedades de las mejores hierbas naturales… No creo que pueda haber nada mejor para proporcionarnos una sonrisa de oreja a oreja. Eso sí sólo se autoriza su uso terapéutico.

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Febrero 29

Ultramarinos

(Hoy La Voz de Galicia publica mi segundo artículo/columna/monólogo/conglomerado de paridas, en su suplemento dedicado a cultura, ocio, tendencias y espectáculos, FUGAS. Como no se puede leer en la edición digital, -ya les vale*-, os lo dejo aquí y así de paso voy engordando a este recién nacido blog. Si compráis el periódico podréis ver la genial ilustración del dibujante y autor de cómics Kiko da Silva, y si no pues os tendréis que conformar con esta fotica, que no aporta nada pero queda bonita…)

ultramarinos

En estos tiempos de grandes superficies, de pague uno y lleve dos, eso sí, llévese también un carro de cosas que no necesita… ¡Cómo no las voy a necesitar si salen en la tele! Todavía resisten cuál aldea gala de Astérix, camuflados entre las callejuelas de nuestros barrios, las tiendas de ultramarinos. Lugares milenarios más antiguos incluso que las ciudades en las que se ubican. ¿Por qué otra razón sino, se pudieron haber establecido, por ejemplo, los romanos en Lugo? Porque al lado había un ultramarinos. Todos están bautizados con el nombre de su propietaria: “Ultramarinos Fina”, “Ultramarinos Josefa” o buscando el toque de distinción, “Alimentación Mari Carmen”, como para entrar y preguntar cuánto cuesta el kilovatio. Pero estos nombres no son sino, enunciativos de la familiaridad con la que serás tratado. Porque tú llegas y puedes decir, “Buenos días Fina, una barra de pan”. Si bien es cierto que te arriesgas a que la señora que está detrás del mostrador te conteste, “Fina era mi madre, se murió el mes pasado, yo soy Fernanda, su hija…” A ti se te cortará el rollo, pero ella se sentirá culpable y cuándo vuelvas por allí al cabo de dos días, en la lona a rayas que protege el escaparate y que es más distintivo de ultramarinos que la “M”, de MacDonald´s, pondrá “Ultramarinos Hija de Fina”. Esa es la familiaridad de la que os hablo. Llegar, pedir una barra de pan, y qué te digan “¿Alguna cosiña más?”, y tú piensas, necesito detergente pero lo compro en el súper que aquí es mucho más caro, pero miras a Fernanda, y te sonríe con su bata blanca, mientras en tu cabeza resuena la palabra “cosiña”, porque si, ha dicho “cosiña”, y no “puedo ofrecerle algún otro producto”, y te rindes. Y contestas, “Si, detergente”. Y te saca un bote de Skip, ¡el de 6 kilos!, porque en los ultramarinos, la dueña elige la marca por ti, -si se estableciesen como franquicia multinacional, lo llamarían “asesoramiento profesional”- y te quedas mirando fijamente el bote de Skip pensando en que tú eres de Ariel de toda la vida, y en qué vas a vender tu lealtad por una sonrisa, y lo que es peor, para qué quieres 6 kilos de detergente si toda tu ropa pesa tres kilos y medio, sábanas incluidas, que te va a durar más el detergente que la lavadora… Pero antes de qué puedas decir nada, como si oliese tu inseguridad, Fernanda añade, “Te doy el bote grande porque no me quedan de los pequeños, y total como no se estropea, ¿no te importa verdad corazón?” Y deseas decirle, “Serás mentirosa, en tu puñetera vida has tenido botes pequeños”, pero no puedes, te ha robado el alma, te ha llamado “corazón”, ¡tardaste dos años en que tu novia te lo dijese! Y va ella, y te lo suelta al primer día. Te contienes para no abrazarla y le respondes, “No claro, no importa, si total esto se gasta enseguida…” Finalmente y tras hacerte la cuenta en el papel de envolver el pan, saca una bolsa de plástico azul en la que una cajera de súper no sería capaz de meter un litro de zumo y dos de leche, ella mete el zumo y la leche, las patatas, el queso, incluidos los cincuenta gramos que te ha puesto de más y el papel higiénico de doce rollos. Y cuando crees que no va a caber nada más, que ya es imposible que haya metido todo eso, va, ¡y mete el bote de Skip! Y mientras observas el lote y estudias cuál será la mejor manera de transportarlo, te dice Fernanda, siempre resolutiva, “¡Ay! ¡Qué me olvidaba del pan!” ¡Y lo pone al lado del detergente! Totalmente ajena a tu cara de incredulidad y añade, “Graciñas, coge la bolsa por abajo, que sino se te va a romper” Y tú te vas, abrazando el petate, destrozándote la espalda, pensando que en los ultramarinos como en El Corte Inglés, el trato personal, se paga caro.

* Ha costado pero ha aparecido, si se puede leer el texto en la edición digital pinchando aquí, si es que a mi ya me lo parecía… Mis disculpas.

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